EL ARTE DE AMASAR EL LADRILLO

Decía Picasso que un cuadro malo al lado de muchos buenos se acababa convirtiendo en uno bueno. Por exposición al medio, sus deficiencias se contagiaban y beneficiaban de la grandeza de los próximos. Y así ha ocurrido a lo largo de toda la historia del arte y la educación.

Cuántos bocetos menores, apuntes inconclusos y pruebas fallidas han alcanzado con el paso del tiempo una valoración que se le negó en su momento. Los impresionistas fueron denostados en los salones artísticos de su época. Los expresionistas amenazados con la quema por regímenes políticos que consideraban su modo pictórico ofensivo y enfermizo. Las escuelas pictóricas han surgido y evolucionado habitualmente por confrontación y oposición al estilo imperante del momento. Hasta el Renacimiento los artistas carecían de nombre propio y se les conocía tan solo por el apelativo de Maestro. Es, con el Humanismo, cuando el artista empieza a ser valorado con nombre y apellido. En los talleres renacentistas los aprendices reproducian por imitación los trazos del mejor artista de la época. Con trabajo, formación y destreza, algunos debutantes conseguían destacar y, con el tiempo, escapaban de la tutela estilística del maestro, haciendo uso de su propio lenguaje pictórico e iniciando así nuevos caminos estilísticos.

Desde entonces hasta ahora, las tendencias pictóricas siguen marcando escuela, que con frecuencia son seguidas por aquellos aspirantes a alcanzar la maestría del mejor.

En el siglo XXI, aún en pañales pero, de crecimiento acelerado y vertiginoso, los maestros de la educación andan ahora buscando donde se hayan estos aprendices ávidos de contagiarse de sus conocimientos. Las técnicas han cambiado. Los instrumentos, que el alumno domina fuera de la escuela, para alguno resultan desconocidos. El lienzo sobre el que ir trazando lentamente las pinceladas del conocimiento se ha transformado en una agitada pantalla sobre la que, múltiples píxeles transformados en datos, impactan a diario la otrora tábula rasa del alumno.

En la primera década de este siglo se ha transformado la tecnología educativa con tal velocidad que muchos maestros sienten que su instrumental educativo, hasta ahora útil y eficaz, se ha quedado desfasado. Las técnicas que hasta ahora aplicaban demuestran que ya no reportan los mismos resultados. Sus procedimientos son cuestionados y, desde diversos foros, se intenta iluminar su camino didáctico buscando llevarles a mejores rutas docentes.

En lo que va de siglo se están sucediendo múltiples planes y reformas educativas, experiencias docentes e itinerarios formativos. Buscando mejorar un sistema de eficacia cada vez más dudosa, el docente se encuentra en la actualidad inmerso en un laberinto donde el camino educativo está cada vez más confuso.

¿Y el aprendiz? Al alumno que hasta ahora iba a la escuela a adquirir una educación general y básica que le facilitara su inmersión en la sociedad y su incorporación a estudios superiores, le cuesta cada vez mas encontrar el papel de la escuela El mismo que encuentra en este momento fuera del ámbito escolar nuevas fuentes de consulta donde la adquisición de información es rápida pero la consolidación del conocimiento difusa. ¿Por qué en las aulas de hoy nos encontramos con muchos lienzos que acaban en blanco su etapa formativa?. ¿Estamos equivocándonos de técnica o es que los instrumentos que hasta ahora empleábamos ya no funcionan?

El aprendizaje y el arte de enseñar es lento y laborioso, eso lo sabemos todos los profesores. Hoy nos han hecho creer que un simple clic con el dedo digital nos va a proporcionar la solución a todos los problemas educativos.

Desde muchos foros se cuestiona la idea del maestro como fuente de conocimiento y sabiduría, como ejemplo a imitar. En la sociedad actual existen múltiples referentes, muchos mediáticos y pocos intelectuales, que son los que marcan la estela a seguir mayoritariamente por nuestros alumnos. El papel del profesor está siendo cuestionado constantemente, no solo por los destinatarios de su formación sino por sus propios mecenas. Pero, ¿cabe la posibilidad de dudar de la excelencia y profesionalidad de unos docentes que han conseguido, por ejemplo, situar a la Comunidad de Madrid junto a Finlandia,

Países Bajos y Bélgica a la cabeza del informe Pisa en lectura. Unos profesionales que hoy tienen que renovar constantemente sus maestrías al ritmo de cada nueva innovación educativa.

Cuando se habla de los mejores docentes nos olvidamos de concretar en que. ¿Los mejores abordando la diversidad sociocultural que hoy puebla nuestras aulas?, ¿los mejores actualizando sus conocimientos sin saber en ocasiones en qué, dónde ni cuándo? .

Educar es un arte difícil de apreciar. Tallar la mente de un alumno para qué pase a formar parte de las mejores colecciones profesionales, exige tiempo, esfuerzo y buena materia prima sobre la que poder trabajar.

Sospecho que en este momento muchos docentes empezamos a sentirnos como aprendices, con nuestra maestría, adquirida y validada por la Administración educativa a lo largo de toda nuestra carrera docente, puesta en cuarentena. ¿No será hora de que alguien nos pregunte que pintamos en esta escuela?.

INMCLD del Rosal

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